Inesperados

Me he dejado llevar, y he divagado, lo he hecho y ha salido esto. 
Quería empezar bien diciembre, pero ya no voy tan bien. Como siempre os dejo mi email: lavieestboheme@outlook.es por si queréis decirme cualquier cosa. 
Espero que os guste esta nueva entrada y que me dejéis vuestra opinión en los comentarios.
Música (opcional) Dorian - Agnes Obel (muy recomendada sea leyendo o no)

Gracias por leer.


***


Creo en el destino.
No creo en eso de que todos tenemos un destino predeterminado y  es lo que nos espera, que no importan nuestras decisiones, que no tenemos nada que hacer, que somos meros títeres. No quiero creer en la idea de que algo, sea lo que sea, pueda manejarnos; no lo hago.

Hace poco tiempo, intentaba poner mi vida derecha, lo que yo creía que entendía por derecha.
Puede que fuera ese  espíritu navideño que empieza a inundar las calles de la ciudad, ese que me hace ver que el final del año ya está cerca y que no termina como empezó y que no va como yo creía, y quería, que fuera a ir.

Es así de simple, pienso una cosa, no me parece tan mala idea; y la hago. Es navidad, o casi, y en nada puedo decir que fue cosa de otro año, que es agua pasada, aunque no haya llovido ni un día. 

Es triste pensar así, pero es la verdad, intentas solucionar algo que crees que tienes que arreglar, pero ¿y si no lo tienes que hacer? ¿y si solo es otra simple "fase" más de esta temible navidad?

Arrepentirse.
He oído que perdonar es de sabios, que rectificar a tiempo siempre es bueno, que admitir tus defectos te hace más fuerte, pero ¿arrepentirse?
Se habla poco de esta acción que todos tenemos, que todos en algún momento, hemos sentido, vamos a sentir.

Me arrepiento, me arrepiento de muchas cosas, y de pocas soy plenamente consciente.
Y, sin embargo, ahí están, son parte de mi día a día, no puedo deshacerme de ellas, no puedo olvidarlas, en ocasiones, no puedo perdonármelas.

Pero creo en el destino.
Creo en ese destino que pone en mi camino a los inesperados.

Los inesperados, no tienen porqué ser momentos, tampoco personas; no tiene porqué ser nada, pero lo son todo. 

Son esos momentos robados, esos que iban a ser un café de diez minutos y son una conversación de tres horas, son esas personas que sin quererlo, sin buscarlas, aparecen en tu vida y se hacen imprescindibles, son esos recuerdos que te vienen a la mente un sábado y te hacen reír. 
O llorar.
Porque pueden ser momentos o personas o recuerdos buenos, o todo lo contrario. 
También vivimos de las cosas malas de la vida, son inseparables, son las dos caras de una misma moneda; si tienes una, siempre tendrás la otra. 
Nunca sabes hacia donde va a caer la moneda, cual va a ser la "decisión" final, lo que va a predominar, pero siempre queda lo demás, la otra cara, siempre presente.

De eso me di cuenta.
De que intentaba arreglar algo, que o debía empezar de cero, o debía desaparecer. 
Que vivía sin fijarme en esos detalles, y entre tragos de cerveza me di cuenta, rodeada de personas que nunca pensé que encontraría, de personas que en mayor o menor medida están ahí, escuchan lo que tenga que decir, me rebaten, me ponen los puntos sobre las íes; son personas que no te esperas personas que están, más que de cuerpo, de mente, de sentimientos, presentes.

Puede que me equivoque otra vez, que deba buscar eso que perdí por el camino, pero mirar para atrás es lo peor del viaje, siempre lo ves todo después de que pase, cuando puede que ya sea demasiado tarde. 
Quiero disfrutar de eso, de lo nuevo, de lo que está por llegar, de lo que el destino me tiene preparado, de lo inesperado.

¿Y ?



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