Un nosotros sin ti. Carta 5

Esta entrada no va, no puede ir, sola. Esta entrada es la despedida de algo a lo que ya le dije adiós. Y, también, es el comienzo de otras muchas cosas. Tengo que daros las gracias por todas las veces que leéis mis locuras y, en silencio o no, en cierto modo, me comprendéis. Ya no podéis  recibir las cartas antes de que esta última entrada se publique, pero si a alguien le hace ilusión tenerlas en su poder, escritas por mi y enviadas por correo, que no dude en hacérmelo saber de cualquier manera. (email de contacto: lavieestboheme@outlook.es)
Espero que el resultado final de esta carta y de esta pequeña historia, os guste tanto como lo ha hecho a mi. Como siempre podéis dejar vuestra opinión en los comentarios, significaría mucho para mi conocerla, y muchísimas gracias por leer.

Las cartas (enlace directo)
Carta 1
Carta 2
Carta 3
Carta 4


***
Hoy nos hemos vuelto a ver.

Tú y yo, solos, en el pasillo de ese supermercado.

Tus ojos lo han dicho todo, eran la mirada de un depredador. Has encontrado por casualidad lo que podías hundir para sobrevivir.
Me viste sola, indefensa, y viste la oportunidad de atacar, pero llegaste tarde, porque él ha llegado antes, mucho antes.

Para tu sorpresa, me ha cogido de la cintura por detrás, para la mía esto ya es normal.

Cohibido, me preguntas qué tal por primera vez en años. No te respondo, quiero hacer, quiero devolverte todo el daño que tú, en su momento, me hiciste, que me has hecho a lo largo de todo este tiempo. Contarte como, huyendo de ti, de todo y de nada, me fui de viaje, sola. Contarte como tras días de fiesta lo conocí, sí, a él, a quien miras.

Quería mostrarte cómo me olvidé de ti, cómo dediqué miles de sonrisas a cientos de miradas y como ninguna de ellas eras tú.

Pero no he podido, no he podido contestarte con todo lo que te quería contar, con todas las palabras que tenía guardadas en mi interior; palabras que ya nunca volverán a tener la oportunidad de salir.
Porque al sentir el dolor que tus ojos reflejaban al ver mi mano entrelazada a la de otra persona, solo pude procurar que sufrieras lo menos posible; porque incluso, en esta situación, consigues que te trate mejor de lo que mereces, aunque el daño, ya estuviera hecho.

Una conversación banal, rápida, y me marché.
No porque tu lo dijeras, porque tu quisieras, sino porque por primera vez desde que nos conocemos, yo tomé la decisión.

No quería nada de lo que me pasó, llegué a pensar que eras lo mejor que me había pasado, lo mejor que nunca me iba a poder pasar, pero me equivoqué. Tú nunca fuiste nada bueno para mí, para mi vida; eras mis días y mis noches, mis comienzos y mis finales. Pensaba que sin ti ya no tendría razones para vivir.

Es extraño, me hiciste mucho daño, jugaste con mis sentimientos, conmigo, y ahora, ahora sé que era un nosotros sin ti, que era yo la que nadaba por los dos, era yo la que sufría porque quería hacerlo. Ahora, te doy las gracias.

Gracias a ti he descubierto que no necesito a nadie para vivir, para ser feliz. Gracias a ti he descubierto que quien quiere estar contigo te lo demuestra día a día.
Te doy las gracias porque, tras este largo tiempo de sufrimiento, he conseguido salir a flote, seguir adelante.

Ahora sé que lo que realmente importa es mi propia felicidad, que nadie puede decirme como tengo que vivir mi vida; soy yo la que lleva el timón.

Podría decir, como en aquella primera carta que te escribí, que aún te echo de menos, que aún te necesito, que aún quiero un futuro contigo.
Sin embargo con ello mentiría a una gran parte de mí, a esa parte que ha conseguido desprenderse de tus juegos, de tus trampas, de tu aroma, a esa parte que ha conseguido olvidarse de ti.

Ahora soy libre, soy libre de ti, puedo no recaer en ti, en tu droga. Puedo irme de este pasillo sin mirar atrás, puedo cerrar definitivamente esta historia, sin remordimientos, sin dolor.

Gracias a ti, a todos los errores, a todas las lágrimas que he derramado, a las falsas esperanzas; ahora tengo la idea, la seguridad de un futuro mejor, de un futuro seguro, de un futuro increíble y totalmente nuevo.

Gracias a mí misma, he aprendido la lección, he tomado la decisión de darte la espalda y, por fin, soy feliz, feliz sin ti, feliz por mí.




Paloma.

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