Palabras.

Hoy, precisamente hoy, me he levantado pensando en ti. En nosotros, en nuestra relación. Han pasado casi dos años.

Aún te echo de menos.

No sé como decírtelo.

Y hoy, he pensado en ti. En todo lo que te tenía que haber dicho hace casi dos años, y en todo lo que hoy me hubiera gustado decirte.

Te echo de menos, porque a veces necesito tu tímida fuerza, tu pequeño pero gran positivismo, tu presencia al fin y al cabo. Contarnos miles de secretos en la cama un sábado por la noche, mientras veíamos una película, perdiéndonos en un hilo que no queríamos seguir, porque nos interesaba más lo que nos teníamos con confesar.

Hoy se que tú necesitas más que yo esa fuerza, ese positivismo, ojalá pudiera decirte todo esto, a ti, en nuestro lugar secreto donde no podíamos (ni queríamos) esconder nada.

Hoy hubiera querido estar contigo. Lo deseaba. Quería decirte, aunque fuera en la distancia, que a pesar de todo, de nuestra historia, de cómo acabó, siempre voy a estar ahí, a tu lado, para cualquier cosa que necesites.

Dos años y aún no se cómo acabamos así, no era justo; siento mirar por mí, pero no es justo, yo te quería, te sigo queriendo. Y si ahora me dijeras que tu a mí no me echas de menos, no sé cómo me sentiría, porque a veces sigo queriendo que estés conmigo.
Echo la vista atrás y es como si una parte de mi se hubiera ido, se hubiera escapado sin yo saber muy bien como. 

Y solo puedo quererte, echarte de menos, para siempre.

Solo puedo desearte lo mejor, mandarte toda la fuerza que sea capaz de reunir y recordar de ti, de nosotros, lo mejor.


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